10 motivos que desmienten el mito de que “vestir sostenible es caro”

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“No me puedo permitir vestir sostenible”, “vestir sostenible es solo para ricos y snobs”, “la clase media no está hecha para vestir sostenible”… Desde que empecé con esto de la moda y la sostenibilidad que no he parado de escuchar frases como éstas. Sin ir más lejos, el otro día una periodista me llamó para interrogarme sobre por qué vestir sostenible es caro. Para dar un poco de luz al tema y, sobre todo, para animar a todo aquel que no da el paso por temor a que se le vacíe el bolsillo, hoy me atrevo a enumerar 10 hábitos que llevamos a cabo la mayoría de personas que intentamos vestir de manera sostenible y que nos han ayudado a ahorrar. 

1.Aficionarse a la ropa de segunda mano

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Bajo la premisa de que “no hay nada más sostenible que aquello que ya existe”, las personas que intentamos vestir de manera sostenible tiramos mucho de tiendas de ropa de segunda mano. Es cierto que en los últimos tiempos –al menos en Barcelona- comprar ropa de segunda mano se ha puesto bastante de moda, lo que ha supuesto un incremento en el precio de ésta. Aún así, todavía hay muchísimas tiendas en las que se puede encontrar ropa second hand a muy buen precio. Recomiendo sobre todo las tiendas con un proyecto social y ambiental detrás, como las tiendas Humana o de Roba Amiga. Además de ser las que más están manteniendo precios, el dinero que te gastes irá a una buena causa. ¿Qué más quieres?

2. Convertir la herencia de ropa en un factor sorpresa

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Aunque lo he hecho toda mi vida (quién no ha heredado ropa de hermanos, primos o cuñadas), desde que empecé con esto de la sostenibilidad que soy una adicta a la ropa de otras personas. Además, como mis amistades ya saben que prefiero heredar antes que comprar, antes de deshacerse de aquello que no quieren me envían fotos. No se trata de recoger por recoger (al principio caí en ese error y se me llenó el armario de imposibles), pero si de valorar si necesitas algo que otros no quieren. Otra manera de tener ropa nueva sin gastarte un duro. 

3. Organizar swap parties periódicamente

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Un paso más allá de heredar ropa de otros es intercambiarla. Como ya comenté en el consejo número 5 del Decálogo para vestir sostenible, una buena manera de reunirse con las amigas y amigos es invitarles a casa con la premisa que se desprendan de “x” prendas de ropa que podrán cambiar por otras de otros asistentes a la “swap party”. Sólo te queda cruzar los dedos para que aquella amiga haya decidido desprenderse de esa chaqueta que te tiene el corazón robado 😉

4. Aprender a combinar la ropa

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Una habilidad que creo que se desarrolla mucho en este viaje hacia la sostenibilidad es la capacidad por aprender a combinar y a crear nuevos outfits con las mismas prendas. Ahora que llevo un tiempo practicando esta técnica me he dado cuenta que antes, cuando me compraba una prenda solía hacerlo porque quedaba muy bien con otra y, sin darme cuenta, siempre acababa combinándolas juntas, sin dar opción a que se relacionaran con el resto del armario. Desde que lo hago es cierto que a veces he conseguido combinaciones horrendas (las detecto porque es cuando Cesc me dice: “Esos no pega para nada”), pero muchas otras he creado combinaciones sorprendentes que nunca hubiera imaginado si no me hubiera puesto a testear. Mágicamente, siguiendo esta técnica el armario se multiplica.

5. Comprar como una personal shopper

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Como consecuencia del punto anterior, ahora cuando voy de compras siempre procuro llevarme puestas mis prendas favoritas (inclusive calzado) para asegurarme que la ropa que me quedo combina bien con ellas. Se acabó aquello de comprar prendas monísimas pero que no combinan con nada de lo que tengo. Te aseguro que este hábito ha ampliado muchísimo las posibilidades de mi armario.

6. Desarrollar un sexto sentido por la ropa de calidad

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Cuando compro me fijo mucho en los materiales y las calidades con la que está hecha, de manera que, inevitablemente, esa prenda me acaba durando más. Hace ya mucho que no compro nada que al segundo lavado acaba con las costuras giradas, desteñido, encogido o agujereado. Creo que es una habilidad que he desarrollado y la verdad es que me gusta mucho ser capaz de identificar si una prenda es de buena o mala calidad. En este punto sí que es cierto que en términos relativos quizás gasto un poco más que antes pero en términos absolutos gasto mucho menos, porque entre las compras que me he ahorrado gracias a los cinco puntos anteriores y que las prendas de este punto me duran más, mi inversión en ropa es muchísimo menor.

7. Lavar la ropa de manera más consciente

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Como te contaba en “8 maneras de vestir sostenible”, el 80% del total de consumo de energía de una prenda tiene lugar en el mantenimiento de ésta. Yo ahora me lo pienso dos veces antes de meter una prenda en la lavadora (confiésalo, a veces con sacarla al balcón una noche hay más que de sobras) y también soy más comedida con el uso de jabón y la duración de las lavadoras. Con todo ello, además de ser más sostenible, ahorro un montón. Y te prometo que voy limpita como la que más.

8. Aprender a reparar, inventar, DIY…

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Reconozco que antes –y todavía hoy por falta de tiempo y conocimientos-, cuando se me descosía una costura, se me caía un botón o se me rompía una cremallera, aquella prenda quedaba relegada al “capazo de las cosas por arreglar” y nunca más se sabía de ella. Ahora, cuando se me rompe algo, si es fácil intento arreglarlo yo, y si es reparación “nivel pro” se lo doy a mi suegra que hace maravillas con la ropa. Sí, es una gran suerte, pero seguro que tú también tienes alguien cerca capaz de echarte un cable en este sentido. Y si no siempre te quedarán las tiendas de arreglos, una especie que cayó en “peligro de extinción” pero que afortunadamente la crisis hizo reaparecer y parece que aún se mantiene.

9. Olvidarme del concepto “rebajas”

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Aunque nos dé la sensación que “ir de rebajas” es una ganga y nos ayuda a ahorrar, en la mayoría de casos se trata de un engañabobos, ya que acabas comprando cosas que en realidad no necesitabas… Por ello las personas que vestimos ropa sostenible intentamos hacer caso omiso a este tema o, si vamos, nos aseguramos de haber hecho antes una lista de prendas que necesitamos para asegurarnos que compramos cosas que nos hacen falta y no caprichos. Ciertamente, no somos de piedra y a veces caemos en la tentación –sin ir más lejos el otro día me compré en un outlet una chaqueta que no necesitaba pero que me estaba llamando a gritos-. Ahora lo que toca es llevarla mucho para demostrarme que la compra sí mereció la pena J

10. En general, consumir menos

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Un último hábito, que seguramente es resultado de todo el proceso anterior, es que vestir sostenible en realidad significa hacer un esfuerzo por consumir menos, lo que lleva a gastar menos, seguro. ¿Y por qué consumir menos? Porque sólo reduciendo el consumo global conseguiremos frenar un poco la locura en la que se ha metido la humanidad de tener que producir mucho para hacer frente a la demanda de un montón de gente que quiere cosas que en realidad no necesita, y que la obligan a trabajar más para poder ganar dinero para consumir estos bienes que nunca son suficientes… Y así una espiral sin sentido que lo único que hace es que nos estemos cargando nuestro planeta, explotando a nuestros iguales y, lo peor, explotándonos a nosotros mismos… ¡Mundo loco!

Con todo ello, quizás sí que es cierto que “vestir sostenible es un lujo”, el lujo de ser capaz de disfrutar de la ropa y de la moda pero no ser esclavo de ella. Ese, para mí, es el auténtico lujo de la moda sostenible; un lujo que afecta a la razón y al corazón pero que, por lo que respecta a nuestra economía, solo la afecta para bien.

¡Feliz semana! ¡Y bonito armario!

La imagen de portada del post es una foto que me sacó Cesc observando la expo Un siglo de distinción, que el Museo del Diseño de Barcelona acogió hace unos meses. El resto de imágenes corresponden a frases de las que vamos publicando en el Instagram de soGOOGsoCUTE (si no nos sigues, ¿a qué esperas?). No están hechas “ad hoc” para este post, pero he considerado que encajaban bastante bien. Espero os gusten 🙂 

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3 Comments

  1. Hola!
    Me ha encantado este post. Has plasmado lo que llevo haciendo durante años y explicado de está manera…así sí que puedo “convencer” a más gente de que el consumo sostenible no es una cosa de hippies locos.
    Ah! a mi quien me ayuda con la ropa…o a quien le doy trabajo es a mi madre! una magnífica costurera! De ella aprendí que la ropa desde hace tiempo ha bajado en calidad y no vale, la mayoría, el precio que piden por ella!

  2. Molts bons consells. Només afegir que també es pot comprar roba de segona mà a bon preu i amb destí solidari a les botiugues d’Intermon Segona Oprtunitat. Jo hi he caçat moltes troballes!

  3. Bravo!! Me ha gustado muchísimo este post y es que resume todas las cosas que estoy aprendiendo durante este año sin comprar ropa. ¡Y tengo muchísimas ganas de organizar una swap party pero ninguna amiga se anima! ¿Me voy para Barcelona y montamos una? 🙂

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